“La paridad: piso y no techo”
Dra. Alicia María Ocampo Jiménez
En el Congreso del Estado de Jalisco, la LXIII Legislatura tuvo 24 mujeres respecto al total de 38 espacios. Esto significó que las mujeres representaron el 63% de las diputaciones, lo que marcó un hito histórico por primera vez en la historia de la Entidad.
Los debates respecto a la participación política de las mujeres han estado marcados por sexismo y perspectivas patriarcales o machistas que, aún en la actualidad, siguen perpetuándose en este ámbito político electoral. Desde la instauración de la República en México y, específicamente, desde que la Constitución se instauró el voto directo universal e individual en México (1917), no fue aceptada la propuesta de Hermila Galindo Acosta para la paulatina participación política de las mujeres. Más aún, el Congreso de la Unión estableció en la Ley Electoral (1918) que solo podían ser candidatos los varones, dado que ese año la misma Galindo se propuso como candidata a una diputación federal en la Ciudad de México.
A principios del siglo XX, muchas mujeres lideraron la lucha por el ejercicio de la ciudadanía para todas, tanto en el ámbito político como en el ejercicio de otros derechos. En 1938, el Frente Único Pro Derechos de la Mujer logró que el presidente Lázaro Cárdenas propusiera la iniciativa para los cambios constitucionales para permitir el ejercicio de los derechos políticos de las mujeres: esta fue aprobada en el Congreso de la Unión y más de la mitad de las Entidades Federativas, pero la presidencia nunca lo publicó en el Diario Oficial de la Federación, razón por la cual se tuvieron que esperar 15 años más, para lograr nuevamente el reconocimiento de este derecho en 1953.
La lucha de las mujeres por sus derechos político electorales en condiciones de igualdad sustantiva, han sido una labor desgastante en una carrera de obstáculos. Durante todo el siglo XX, los avances que se han logrado para garantizar la participación político electoral de las mujeres, ha implicado cambios normativos, institucionales y sociales, para naturalizar el ejercicio de los derechos humanos y políticos de las mujeres como sujetas de derechos, porque hasta 1917 que se promulgó la Ley de Relaciones Familiares (también promovida por Hermila Galindo), la representación política de las familias era a través del paterfamilias.
¿Qué sucede en la actualidad? Ya superamos la lógica de las “cuotas de género” como acción afirmativa temporal. La paridad es un principio constitucional que responde a la condición y posición fundada en la dignidad, como principio de equivalencia humana: mujeres y hogares somos igualmente personas, con los mismos derechos y las mismas capacidades -e incapacidades- para aportar en cualquier ámbito, incluyendo el público y político. Aún prevalecen comentarios como “Las mujeres quieren demasiado”, “ya se pasaron”, entre un largo etcétera.
Como en el caso mencionado al comenzar este artículo, el hecho de que las diputadas del Congreso del Estado sean más que los diputados (62%), es el reflejo de avances jurisdiccionales como el criterio de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación: “la paridad es piso mínimo y no un techo máximo para las mujeres, a partir del proceso electoral de 2021. Eso significa que se ha reconocido la deuda histórica de un sistema político que excluyó a las mujeres por razones ideológicas sin fundamento, y que la #ParidadenTodo es una condición sine qua non para la igualdad sustantiva.
Las brechas de desigualdad aún prevalecen en una gran cantidad de ámbitos en nuestro país. Por eso, que la paridad sea piso y no techo, es punta de lanza para el logro del principio fundamental de los derechos humanos, incluyendo los derechos políticos: la igualdad y no discriminación. Y la paridad no debería tratarse solo de un elemento cuantitativo que es basal, la perspectiva de género es esencial para que en el ejercicio del poder, mujeres y hombres en el ámbito público actúen para el logro del desarrollo social igualitario e incluyente, para todas y todos, siempre y de manera progresiva.